La lista se hacía inmensa. Faltaban hígados, corazones, pulmones, páncreas, riñones, también intestinos. Nada llega a tiempo para el que está desesperado por vivir, por seguir regalándole estrellas a sus niños pequeños, horas de cuentos, amores en espera. Te llamo el viernes a ver si tenés novedades o me llamás en cuanto puedas. Tenés también el teléfono de mi prima aunque preferiría que me llamaras a mí, ella está haciéndose estudios. No quisiera molestarla.
Fue en la autopista, la camioneta se estrelló contra el guardarrail. Los tres jóvenes murieron en la terapia intensiva del hospital Interzonal. Seis riñones, seis pulmones, tres corazones. Uno es mío, para mí. Mi vieja ya está filtrada: ir y venir con los chicos del colegio, hacer comidas. Las mías son especiales. Llevarme a las visitas médicas. No se sabe, señora, esto es así. Llega en cualquier momento o no llega nunca, lamentablemente. Pareciera que todo está por derrumbarse y el agujero negro que se abre en el techo de mi habitación. No sé a dónde llega. Es un océano y yo en la balsa esperando que una isla se dibuje en un horizonte inexistente. Y los tiburones, ahí.
Cuando escuchó la noticia sintió que alguno podría ser un donante. Todos eran jóvenes, él también y se estaba esfumando cada día.
Compatible, dijo. Se colgó la birome sin esfuerzo del delantal blanco. Acomodó sus anteojos que insistían en derramarse por su cara de témpano. El intercomunicador le devolvió la voz del otro lado. En una hora. Esto es así. En media hora está todo el equipo y el segundo equipo por si se prolonga. En el cuarto piso lo espera Micaela, la enfermera. Los nenes salen del colegio en una hora, ma. La llamo a Marisel, la mamá de Bruno. Vos, tranquilo. Ahora las energías están acá. ¿Es alguno de los chicos del accidente en la autopista? Ya hablamos de esto, confidencialidad. Pero no, no es ninguno de ellos. Este tomó sus propias decisiones. ¿Me entendés? Algunos deciden hasta cuándo, otros dejan que el destino elija. Solo tenés que pensar que a vos te sirve ese corazón. ¿De acuerdo?
Las manos se frotaban entre sí con dureza con la necesidad de que algo se encendiera. Esa esperanza la necesitaba uno y otro. Para mí llegó en este momento. Por los chicos, por mamá.
Los días de la terapia me dejaron luces y sonidos, pitidos de aparatos. Registro permanente y esa baba que corría entre el respirador y mi barba. Las manos de Clara eran suaves. ¿Cómo está mi paciente favorito? Cascabeleaba al entrar. Solo el pip, pip y un fuelle llenaban la habitación fría.
Las hamacas se movían como habitadas. Flojas, livianas en un día próximo a reventar en rayos y lluvia. Llevaba guardapolvo blanco. Las manos en el bolsillo. No me gusta esa escuela. No me gusta la lluvia. No me gusta el preceptor de bigotes. No me gusta casi nada. No seas estúpido el juego es así, te ponés la bolsa de nylon en la cabeza, te desmayás y uno de nosotros te rescata. ¿Entendiste? Lautaro te hace el video y lo sube.
Pip, pip. Siento frío. ¿Será bueno sentir algo? Sin embargo me ahogo y tengo un tubo, no respiro por mis pulmones. ¿Qué es esto? No viene Clara. Pip, pip. Las luces me rebotan en la cara. No puedo sentir nada, estoy conectado. Me ahogo, es muy raro. Es un deseo de ahogarme.
No siento nada. La bolsa sigue en mi cabeza.
Todo era agua, nada más. Agua en toda su extensión. Un mundo de agua de donde venía y pequeñas estatuas de agua hacían de la sombra un lugar de encuentro entre los negros y los grises. Agua, todo era agua, nada más, mas nada.
La madre gritaba el agudo llanto. Mi bebé. Una loca, una madre desentrañada a la fuerza. Más nada. Ella ya no estaba aunque pareciera estar en este mundo, ella ya no estaba. Su hijo tampoco.
Llegó una ambulancia. Estoy en un quirófano. Unos pendejos que estaban haciendo choking game. Ya hicimos resucitación y nada. ¿Qué pasó doc? Asfixia autoinducida sin respuesta. Siento que me van a arrancar el corazón. No respiro. Todo se hizo gris. Hijos de puta, no me sacaron la bolsa. No me sacaron la bolsa. Corré, boludo, corré. Espero que hayan hecho el streaming.
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